La presencia del Maestro, la voz del Maestro...
A través del sonido de la lluvia, la flor que cae, los días grises, la llama
de la vela, la paz de la sala de meditación.
El gesto de ofrecer incienso.
Gassho.
La presencia del Maestro no se desvanece.
Recuerdo haber pensado, hace mucho tiempo, cuando aún él vivía,
"Si no puedo ver a mi Maestro en cada árbol de este bosque, en cada hoja,
en cada brizna de hierba, entonces no he entendido nada,
no solo su enseñanza, sino lo que es, lo que soy".
La voz resuena en la cabeza, en el corazón, en la respiración.
La voz no se apaga.
Cada sílaba de los sutras es cantada a través de mi Maestro.
Cada toque de la campana, cada golpe del mokugyo,
cada palabra del Dharma tiene su voz,
despertandome:
ningún recuerdo, sino un eco, una resonancia.
De corazón a corazón.
La risa de mi Maestro.
Y, cuando se ha sentido gratitud por todo lo que fue dado
alegremente, libremente,
ver ahora que era poca, lo pobre que era.
Último aprendizaje, último presente del Maestro:
nuestro corazón no tiene límites
- sólo aquellos que nos planteamos.
Joshin Ni
Encendiendo una vela
con otra -
noche de primavera –
Buson
Traducción : discípula Helene Shinsei


Gratitud al Maestro!!!
ResponderBorrarGracias Sensei! 🙏
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