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O’BON celebración de los antepasados

 

Del 12 al 15 de agosto : O’BON celebración de los antepasados

 

 



Esta celebración se conoce en Japón como O'Bon o Urabon. Tiene lugar, por lo general del 12 al 15 de agosto. Urabon es la traducción de la palabra sánscrita ullambana, que significa literalmente "estar colgado boca abajo" y se refiere a uno de los sufrimientos del infierno.


En primer lugar, ¿cuáles son los orígenes de esta celebración ?

Según un Sutra que proviene de China llamado Bessetsu Urabon, el origen del espíritu de esta tradición remonta a la época del Buda Shakyamuni. Al final del retiro que duraba el período de la estación de lluvias, desde abril hasta mediados de julio, los monjes se reunían para pasar un tiempo de reflexión durante el cual se arrepentían de ciertos de sus actos y hacían voto de no repetirlos. El Buda daba una enseñanza sobre la purificación de sus monjes que entonces eran dignos de recibir las ofrendas de alimentos.


Se dice que con motivo de la muerte de su madre, Maudgalyayana, uno de los principales discípulos de Buda, al enterarse de que ésta había caído en el reino de los demonios hambrientos, le hizo ofrendas para socorrer su espíritu. Gracias a la ceremonia realizada por el Buda y a las ofrendas de Maudgalyayana, la madre pudo renacer en el reino de los seres humanos.


A continuación, el origen sino-japonés con el culto a los antepasados. Los chinos también celebran un festival llamado Zhongyuan en memoria de sus antepasados.

Según las antiguas creencias en Japon, (culto sintoísta), los espíritus de los antepasados permanecían en los mares, en los ríos de las montañas situadas cerca de las casas en las que vivían en vida (los kami). Más tarde, bajo la influencia de China, los japoneses adoptaron esta creencia trasladándola a los cementerios, las lápidas o las tablillas mortuorias colocadas en el altar familiar (aquí, en el zendo por los Maestros).

Esta fiesta se celebra cuando las plantas de arroz están llenas de grano. Es un período de confianza y prosperidad, de nacimiento y serenidad, se está tranquilo, se ha recolectado y se sabe que se está a salvo de la necesidad por un tiempo. Es una especie de alivio, también de euforia y alegría. Es un momento de agradecimiento a esta madre tierra y de reconocimiento de la importancia de la vida.



Tres dias

Son tres días en los que se reza por la felicidad de los antepasados y de todos los seres vivos. Para que todos los seres sean felices y no tengan que soportar más penas y angustias.

Durante este período, los japoneses vuelven a su casa, a su pueblo o ciudad natal para preparar y participar en este festival con su familia. Van al cementerio para limpiar y decorar la tumba familiar. El primer día se lava la lápida como si « se lavara la espalda de su propia madre ». Las casas también se limpian conscientemente, preparándose para acoger a los espíritus de los antepasados como si se recibiera invitados.

Se realizan abundantes ofrendas (sekiji-e) en el altar familiar. Se tallan caballos y bueyes de pepinos y berenjenasncon patas de paja, que se colocan en un altar especialmente preparado para la ocasión. Estos animales hechos de vegetales representan las monturas de los espíritus, algunos dicen que estos animales se van llevando consigo las penas, las irritaciones, los problemas y dolores de los vivos. También se colocan en este altar verduras y frutas de temporada, así como dulces. De hecho, se les ofrece comida sabrosa, agua, arroz, pasta, todo lo mejor que se puede ofrecer, y se coloca en el altar, y también todo lo que les gustaba cuando estaban vivos.

Al retomar el contacto con sus raíces, las personas se encuentran entre ellas. Son días de compartir y de recogimiento al mismo tiempo. Las gente expresa así su gratitud por su familia.


 


El primer día, una tradición que se mantiene entre algunas personas, consiste en encender una hoguera (llamada mukae-bi) delante de la casa o en el cementerio para que sirva de guía a los antepasados en su camino a casa, como una voz que les dijera: "¡Abuelo, abuela por aquí! ". A partir de este fuego, se encenderán velas e incienso, siendo este el medio por el que los antepasados entrarán en las casas.

Es una forma de darles la bienvenida. Las puertas del más allá se abren permitiéndoles volver a sus hogares, donde todo está preparado para recibirlos. Deben ser mimados (todas las civilizaciones temen a los muertos vivientes) durante estos tres días, luego vuelven a su mundo. La hospitalidad que se les ofrece debe ser auténtica y sincera. No hay más barreras, no hay más separación entre los vivos y los muertos.


El último día, se enciende otro fuego (okuri-bi) para que puedan volver al más allá y, al apagar el fuego, se cierra la puerta.

Al atardecer del tercer día, se confeccionan pequeñas balsas en las que se colocan velitas, que se ponen en el mar o en el río. De esta manera, los espíritus de este período de O'bon parten. Esta costumbre se llama Shôryô nagesshi las luces de los espíritus flotantes. Nosotros lo hacemos en la Demeure sans Limites.

La luz y el fuego simbolizan la purificación y también el despertar, el salir de nuestra ignorancia. Hacemos el voto de ello a través de estas acciones por nuestros ancestros y también por todos los seres sensibles.



La expresión de la gratitud

En el budismo, es la expresión de la gratitud hacia los antepasados que nos han permitido alcanzar esta preciosa vida humana. Les rendimos homenaje. Y también rendimos homenaje a nuestro gran Maestro Shakyamuni Buda y a todos nuestros Maestros, enseñantes, amigos de bien, a todos los que nos han ayudado, que nos ayudan hoy y que nos han permitido encontrar esta vía espiritual en la que hoy caminamos, aquellos gracias a los que estamos hoy reunidos. Gracias a estas personas del pasado, el presente es posible. Es la expresión de causas y consecuencias, la expresión de la voluntad de los practicantes de utilizar esta preciosa vida humana por el bien de todos los seres. Es un período para compartir con los demás. Nos conectamos y reencontramos ese hilo conductor que une nuestras propias vidas a las de nuestros padres, nuestros antepasados y nuestros Maestros del Dharma, nuestros ancestros espirituales, nuestros amigos de bien.


Un tiempo de ofrendas

Es un tiempo de ofrendas en el altar y también ante Jizo Sama. A través de nuestro cuerpo y nuestra mente volver a la paz interior, a ese lugar interior común a todos. Un tiempo de paz y reconocimiento del otro , tender la mano, ver cómo estamos todos conectados a través de nuestras alegrías y nuestras penas. Todo el mundo quiere ser feliz, todos queremos felicidad y paz en nuestros corazones. Reconciliarse, perdonar es también aligerarse, y de esta manera hacernos bien a nosotros mismos y a los demás. De nuestra actitud depende la alegría que nos rodea.

 




Este período de perdón, paz y reconocimiento se hace en el recogimiento, porque ahí está nuestra naturaleza profunda, esta naturaleza del Buda, radiante y transparente. En este espacio luminoso, nosotros nos reconocernos, nos aceptamos y nos amamos. Más allá o en el seno de nuestras distinciones, de las características propias de cada uno, de nuestros caracteres, nos reconocemos vivos, siempre en relación, conectados los unos con los otros.

El corazón realmente abierto, no temeroso, decir totalmente SÍ a los demás, a las situaciones que se nos ofrecen, a todo lo que vivimos en esta preciosa vida humana.

Es precisamente durante esta semana, a través de gestos, ceremonias, rituales que podemos expresar nuestra gratitud por esta preciosa vida humana.



 En el Templo :

El viernes por la mañana habrá un ceremonia conmemorativa por todos nuestros antepasados. Por la tarde explicaré el Bodhisattva Jizo.

El sábado por la mañana, haremos ofrendas de flores, comida, incienso y luz en el zendo. 

 



Por la tarde celebraremos Jizo Sama, el Bodhisattva que porta en él las virtudes de la tierra. Por la tarde habrá una marcha en meditación que nos llevará a la orilla del río donde cada uno de nosotros podrá depositar una pequeña balsa en la que se colocará una velita. Nos volvemos hacia los nuestros armonizándonos con las demás personas en el sonido del río que fluye para dejar que nuestros ancestros de sangre y espirituales vuelvan a su mundo con el corazón en paz.

Finalmente regresaremos al monasterio para terminar la tarde en el zendo.

 



 

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