Maestro Moriyama - Zuigakuin
El Maestro es así...
La semana pasada, fui a ver al Maestro, Moriyama Roshi; ver a un Maestro siempre nos toca el corazón. Lo encontré envejecido, aun si la edad real de los japoneses no es tan notoria. Sus cejas se han vuelto blancas, su cuerpo es delgado y frágil.
Pero el Maestro Moriyama ha mantenido su fuerza; es su cuerpo el que ha envejecido, pero su espíritu no tiene edad. Sigue practicando, continúa la misma vida en el Camino. Recibió a todos con esa cercanía y esa intimidad que sólo él sabe mostrar. No como nosotros, donde la intimidad es más tosca, más intensa.
El Maestro está vivo; viaja, toca los corazones de la gente y es tocado, ama y es amado, pero no posee a nadie y nadie lo posee a él. El Maestro no tiene avidez. Cuando fui a saludarlo, me sorprendió: hizo gassho, luego extendió la mano y me dijo: "Brazilian style", y suavemente me tomó en sus brazos, para un "abrazo" que me dio energía.
Hacía cinco años que no lo veía. Hizo zazen con nosotros en el Dojo. La sala estaba llena, y yo, estaba allí con los sonidos, los pájaros, mis pensamientos, y el Maestro, siempre allí. Siempre presente. El Maestro es suave y tranquilo; se mueve con la energía del universo, y todo el universo se mueve con él. Suavemente.
El Maestro siempre me conmueve; habla de historias sencillas y llenas de bondad. Mientras que nosotros tendemos a ser pomposos, tenemos esa avidez por la forma, o somos solemnes, el Maestro es simplemente sencillo, con una humildad que impresiona. Porque no está haciendo nada especial, sólo está siendo él mismo. Incluso ahora, mientras escribo esto, mis ojos se llenan de lágrimas.
Recuerdo que siempre pregunta por mis noticias, y eso me conmueve profundamente. Siempre. Es difícil definir al Maestro: es como un pajarito, que canta toda la noche, que vuela aquí y allá, y que vuelve a marcharse...
Él es así, hoy está aquí, mañana no estará.
Vivo. Así de simple.
Bete Zuyso,
Porto-Alegre, Brasil.


🙏🏻🙏🏻🙏🏻
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